POSTURAS



POSTURAS



Proyecto de Tesis. Academia de Bellas Artes San Alejandro. La Habana. Cuba.
Por: Yeny Casanueva
1999-2001
Exposición en Galería Imago. Teatro García Lorca, La Habana, Cuba.

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CORCÉ · 1

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CORCÉ · 2

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CORCÉ · 3

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COJÍN

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CORCÉ · 5

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INSICIÓN EN LA COLUMNA VERTEBRAL

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INSICIÓN EN LA COLUMNA VERTEBRAL 2

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OBJETO DE SOLTERA

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OBJETO DE SOLTERA 2

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OBJETO DE SOLTERA 3

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OBJETO DE SOLTERA 4

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POSTURA · 20

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CUERPO, CONTEXTO, ATADURAS

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MASCARILLA · 2

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MASCARILLA

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MOTA

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TABÚ

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DISECCIÓN · 2

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DISECCIÓN

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SOBREPROTECCIÓN

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ALFILETERO

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TABÚ · 2

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EL DISCURSO DE LA MEMORIA

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100 VECES LA BOCA CERRADA

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100 CARICIAS

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DISECCIÓN · 3

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VACIADO

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Tesis Académia de Bellas Artes San Alejandro.  
1999-2001 (Fragmentos)

Aunque el cuerpo es también un poco el alma, existe la tendencia a pensar que lo primero contiene lo segundo.

Francisco Umbral

Este proyecto discursa sobre la incidencia de la cultura en la naturaleza espiritual del cuerpo. Fue realizado durante la segunda década de los 90 en La Habana, Cuba.

Me encontraba en un entorno cultural que pretendía girar definitivamente hacia la producción de obras museables en detrimento de lo efímero, el desarrollo del pequeño formato en lugar de las grandes instalaciones, la introspección y el individualismo antes que el trabajo en colectivo, y el hedonismo estético antes que “lo prosaico”, en una especie de “restauración de ciertos paradigmas estéticos” que habían sido quebrantados por el arte social de los años 80.

Estaba bajo el influjo de la llamada “vuelta al oficio”; tendencia orientada por las instituciones culturales del país como solución ante el éxodo masivo de artistas cubanos hacia el extranjero, que había traído como consecuencia una ausencia de representación cultural de las políticas del gobierno; (…) un contexto que promovía la producción de objetos, y donde el nivel de elaboración formal llegó a convertirse en un indicativo que enfatizaba la intención de apoyar y formar parte del sistema, favoreciendo la tendencia al formalismo y al comprometimiento con determinados criterios de mercado,el regreso a la idea del arte como objeto estéticamente complaciente, etc.

Partiendo de mi realidad personal y de mis puntos de vista como individuo, y teniendo en cuenta que el arte tanto como la cultura, aunque por caminos diferentes se dirigen a lo real, y a los medios con que lo real llega a ser percibido, y que el arte permite efectuar hallazgos dentro del pensamiento social espontáneo, que propone nuevas dimensiones en relación con la realidad; orienté estos trabajos en forma de ejercicios, en los que exploraba los márgenes conceptuales de aquella realidad, y en los cuales el proceso de trabajo tuvo tanta importancia como el resultado objetual. 

Comencé a trabajar con materiales procesuales  dejándolos como material definitivo.  O sea materiales que solían usarse como medio para llegar a un resultado con otros materiales, como la escayola, el barro crudo o cocido, diferentes textiles, o incluso elementos de mi propio cuerpo como cabellos y uñas, que terminaban convirtiéndose en obras.

No tenía un tema específico pero me interesaba por la influencia de la moda, la religión, la austeridad y la aspereza promovida por la estética de la revolución cubana, ya no desde el uso directo de los símbolos abordados hasta el cansancio por la publicidad política, sino desde lo que Duchamp denominara como “infraleve”, o sea, desde la sensación sutil, casi desapercibida de las terminaciones, del ambiente que se vivía y respiraba en aquella época a nivel popular, y de cómo esas sensaciones eran reflejadas estéticamente, de manera espontánea, como respuesta ante determinados prejuicios, o ante la búsqueda o necesidad de satisfacer determinados deseos. 

En ese sentido me sentía identificada con determinados materiales, como la escayola y el latex, que me permitían hacer moldes de mi propio cuerpo. Eran materiales bastante toscos pero sin embargo capaces de captar y reproducir texturas de la realidad hasta el más mínimo detalle.

Hacía estos moldes en un principio con el objetivo de fundir determinados fragmentos del cuerpo en barro o directamente en plomo o vidrio soplado, pero durante el proceso fueron teniendo cada vez más importancia como materiales definitivos, como por ejemplo en la instalación 100 veces la boca cerrada,, constituida por 100 moldes de mi boca que organicé sobre la pared.

Eran materiales que me servían para separar, aislar o establecer fronteras que mostrasen el espacio físico del cuerpo o los límites visuales, lo cual se convirtió en la primera parte del proceso. Luego señalar relaciones entre el cuerpo objetualizado, asociado a objetos de la vida cotidiana, o a determinados conceptos estéticos subrayados con un título...

El hecho de estar representando el cuerpo con estos materiales ásperos, con unas texturas realistas pero sin un realismo en el acabado final, me hacían pensar en la sensación de los espacios que ocupaba, la semejanza entre las paredes pintadas con cal viva y la escayola que utilizaba para tomarme moldes, las paredes sin remate o con un acabado rústico,  austero, típico de las soluciones populares…, y el cuerpo como resultado de la relación permeable hacia esa estética, hacia esas formas de cultura, nutriéndose conceptualmente del gusto y las costumbres de ese contexto, algo que trascendía ya la condición física pasando a formar parte también la proyección espiritual. 

Cada objeto de esta serie representa una doble reflexión partiendo de un doble sustantivo, el modo en que interactúan los elementos es verbo y el resultado un cuestionamiento cultural.

Cada obra no es solo el objeto, sino el resultado de un ritual y representa o evidencia reflexiones ligadas a mi experiencia personal, pero también a formas del pensamiento individual en convergencia con la conciencia social.

En resumen la primera metáfora en estas obras es el cuerpo como sinónimo del punto de vista personal, el primer tamiz de la realidad cultural señalando el espacio que ocupa y las convenciones que lo transfiguran en su adaptación al contexto.

La segunda metáfora consiste en establecer una  contraposición entre el enunciado visual y el título, acentuando la influencia simultánea de la imagen y las palabras, también del cuerpo objetualizado…

El proceso de trabajo es como un trance entre muchas posibles alternativas que sintetizan la contraposición de una serie de conceptos hasta hallar el punto medio, donde las ideas no queden del todo precisas ni del todo difusas, para dar lugar al equívoco suficiente en la percepción del espectador.  

Las obras como resultado son efímeras certezas, tan efímeras como la corteza o cuerpo con que se actúa sobre el mundo. 


Por: Yeny Casanueva